jueves, 8 de diciembre de 2011

Diario de Vampiros Vll

24 de Octubre de 1932

Esta noche fue una de las peores pero, como siempre, debía superarla y continuar. Al asomarse el sol, regresé a mi casi hogar. De pronto rondó en mi cabeza la frase "Alma de poeta, ojos de vampiro..." Recordé como había influido en Alexander. Tal vez era una señal. Tal vez...
Traté de adivinar lo que él me quería decir, pero no tenía los datos suficientes. Entonces decidí salir a buscarlo, pero recordé que solo de noche hacía sus célebres apariciones.
Aguardé hasta que oscureció. Me dirigí hacia el parque. Al llegar traté de encontrarlo pero no pude. En el mientras tanto, había comenzado a llover, entonces me sentí libre. Pero no lo era. Sentía frustración, miedo, y no podía expresar lo que sentía. Tenía serios gustos por descuartizar pieza por pieza una exquisita parte de ser humano… No, no, esa NO SOY YO.
Esa noche permanecí en el parque bajo la lluvia. En el momento en el que subí la mirada pude observarlo. Estaba parado enfrente de mí, viéndome. Me ayudó a levantarme.

- Está bien, aclararé todas tus dudas, o por lo menos las que pueda aportar… -Dijo extendiendo su mano para levantarme del suelo-

- Esta vez no escapes.

- No lo haré, tranquila. Siéntate aquí –Dijo mientras tomaba mi mano- Se dice que nacimos de la oscuridad. Somos enemigos del día, compañeros de la noche. Por eso la luna es nuestra guía...

- Eso, aún, no aclara mis dudas. No comprendo que tiene que ver con mi caso...

- Hay un grupo de vampiros que sienten exactamente lo mismo que tú, Ángel. Son seres malignos cuyas intenciones van de la mano con los comportamientos de la luna. Hay ciertos vampiros que están destinados a ser diferentes, o más bien, a hacer la diferencia...

- No comprendo Alexander, ¿puedes ser más claro?

- Trato de ser lo más claro que puedo, pero es que no puedes asumir toda la verdad tan rápido.

- Pero siempre me dices lo mismo, y yo necesito respuestas. No puedes hacerme sufrir así. Quiero, mejor dicho, necesito saber la verdad.

Se escuchó un silencio y el ruido de la lluvia nos invadió. Estaba furiosa con Alexander, porque nunca era capaz de revelar ese secreto tan importante para mí, y yo enserio lo necesitaba.

- Iré directamente a la verdad, si eso es lo que quieres... -Me agarró de los hombros- Ángel, las noches de luna llena te sientes así porque tú eres un descendiente de la luna. Eres nuestra guía. Eres la representación de la luna sobre nuestra tierra...

Luego soltó mis hombros y se levantó, con aire de frustración.

- ¿Eso es lo que querías saber? Listo, lo he dicho...

Había quedado completamente paralizada. Ésta vez sí no sabía que decir. No podía creer lo que estaba escuchando…

- ¿Me estás diciendo que soy algo parecido a la soberana de los vampiros?

- Sí, eso es lo que eres, o lo que serás – Dijo mientras se sentaba a mi lado- Pero no solo una soberana. Eres la que hará la diferencia entre los vampiros.

- Me cuesta asimilarlo, pero siempre sentí que algo especial tenía dentro. Alma de poeta, ojos de…

- Exactamente… -Suspiró profundamente- Yo sabía y te advertí que no era algo fácil de asumir, pero de todos modos lo tendrías que saber. Tarde o temprano la verdad iba a salir a la luz, porque...

Hizo una pausa, pero no continuó hablando, entonces tuve que intervenir.

- Porque qué... ¿Hay alguna otra cosa que deba saber? Si es así te pido por favor que me digas...

- Eres especial –Dijo tomando suavemente mi mano- Eres un ángel oscuro con un alma pura, y eso es lo que te convierte en lo que eres...

En ese momento se acercó a mí y me besó. La lluvia se convirtió en el más fuerte diluvio...

Diario de Vampiros Vl

23 de Octubre de 1932

Al llegar a mi casa recordé que esta noche iba a presentarse la luna llena. Tapé absolutamente todas las ventanas que pudiera reflejar la luna. Las puertas estaban bien cerradas, pero de todas maneras esperé desconfiada la llegada de la noche...
Luego de varias horas de preocupación y miedo, sentí que una brisa rozaba mi cuello. En ese mismo instante oí unas palabras en un idioma perfectamente desconocido pero que por alguna extraña razón pude descifrar. No puedo explicar lo que me sucedió luego de escucharlas. Algún poder me secuestró y me hizo esclava de la noche, despojando otra vez el alma de mi cuerpo y dejándome a plena luz de la noche, a merced de todas las consecuencias de esa endemoniada luna.
Cuando llegué al parque, o mejor dicho mi cuerpo lo hizo, mordí a la primera presa que vi, pero esa presa era particular. Cuando la mordí no hizo nada. Entonces, al observar su cara, pude notar que era Alexander.

- ¿Fue refrescante Ángel? –Dijo pasando uno de sus dedos por las marcas de mis colmillos-

Al tocarme, hizo que mi alma volviera. Él me “repara”, por así decirlo…

- La luna. ¿Qué es lo que me hace la luna?

- Hoy si puedo contarte, ya que hay luna llena. Lo podrás entender mejor –Dijo dirigiéndome a un banco de por allí cerca-

- Eso espero, es una duda que tengo hace tiempo.

- Yo te entiendo... Hay ciertos vampiros que se sienten sumamente afectados por la luz de la luna, tú eres una de ellos Ángel.

- Eso lo sé, por eso necesito que me digas lo que me pasa.

- Las noches de luna llena las personas son mordidas y convertidas en vampiros, por eso es tan peligrosa esa noche –Dijo para divagar un poco en el tema-

- Lo sé, investigué algo, pero no mucho. Sólo pude saber que los vampiros transforman personas las noches de luna llena y que sus colmillos y alas aparecen de noche, pero eso no aclara mis dudas. ¿Puedes responder a mi pregunta por favor? No solo digas palabras vacías.

- La luna tiene poderes sombríos que nadie conoce en realidad...

- No estás contestando a mi pregunta...

- Te contaré algunas cosas, pero debes ser fuerte para aceptarlas...

Hubo un silencio muy largo. En ese tiempo pensé que al fin sabría la verdad, o por lo menos parte de ella. Estaba aterrada pero a la vez estaba entusiasmada. No sabía que pensar. No sabía qué era lo que me pasaba, y al fin lo iba a descubrir...
Pero en ese momento, en ese momento de tanta intensidad, de tanta emoción y tanta intriga algo extraño, aunque no tanto como la situación en sí, pasó.

- Lo siento, no puedo. Prefiero seguir cargando con tu verdad. Aún no estás lista Ángel... –Dijo clavando sus fríos y grises ojos en el suelo-

Alexander salió huyendo del lugar. Me sentí decepcionada y a la vez algo confundida. ¿Sería tan aterrador lo que me pasaba? ¿Tan cargoso? ¿Por qué él quería cargar con mi verdad en vez de decírmela? Cada vez me aterraba más. El que Alexander no me dijera la verdad me hacía crear falsas expectativas. Cada vez que estaba cerca de descubrir la verdad algo pasaba. No podía soportar tanta presión y tantas dudas. Debía descargar la ira que crecía por dentro...

Diario de Vampiros V

22 de Octubre de 1932

Luego de una dura y, como de costumbre, sangrienta noche, el sol comenzaba a salir de entre sus escondijos. Mis colmillos y alas desaparecieron, entonces partí hacia mi hogar. Pero en el camino sentí unas pisadas similares a las de la primera noche. Esta vez no dudé y me volteé, pero no había nadie. Seguí caminando tranquila, aunque no tanto, pero al llegar a mi casa algo me inquietó; en la puerta estaba tallado en la antigua lengua la frase “Alma de poeta, ojos de vampiro”. No dudé en que había sido obra de Alexander, pero en menos de unos segundos, el tallado desapareció…

Entré lo más rápido que pude y cerré muy bien la puerta. Corriendo, entré a mi habitación, y de nuevo estaba escrita la pared con las mismas palabras de la puerta “Alma de poeta, ojos de vampiro”. La frase que yo misma había dicho me estaba persiguiendo. Estaba atemorizada, sin saber que hacer. Comencé a golpear la pared desesperadamente, gritando desaforadamente, como si estuvieran cometiendo un homicidio en mi “hogar”. Estaba furiosa… Furiosa con Alexander… Furiosa con mi vida.

Decidí tapar bien las ventanas al atardecer para que la luna no me afectara, pero me temo que eso fue imposible. Al caer la noche y estar en alto la mínima porción de veneno lunar, mi alma se fue. Mi cuerpo se dirigió al parque. Deseaba encontrarme con Alexander para tener a alguien que pudiera contenerme en mis ataques de furia y desilusión y responder a las miles de preguntas que tenía en mente. La luna me ha perseguido como si tuviera algo contra mí, pero al parecer es lo que le pasa a los vampiros. Eso quería hablar con él principalmente. No creo que a todos les pase, siento algo diferente cuando miro la luna; la amo, pero la odio. Cuando veo su brillo me siento poseída, y espero que solo sea mi imaginación.

Siempre algo me dijo que estaba destinada a ser diferente, pero nunca pensé que podría llegar a estas circunstancias… Perdida en mis pensamientos me olvidé de buscar a Alexander, pero él ya me había ganado cuando tocó mi hombro.

Me estabas buscando, ¿no es así Ángel? –Dijo esbozando esa diabólica sonrisa-

Si, necesito preguntarte algunas cosas y aclarar algunas dudas…

Comencé a hablar. Una pregunta mía, una respuesta de Alexander. Así fue hasta que una pregunta más salió de mi boca.

¿Por qué la luna me causa tales efectos?

Algún día te lo contaré, pero cuando estés lista para asumirlo…

Y antes de poder preguntarle algo más, simplemente desapareció. Algunas respuestas formuladas por mí respondían a la pregunta, pero aún así debía saber la verdad.
Me sentía algo frustrada. Alexander era el único que me podría contestar y no lo hizo. Algunas veces me seguía preguntando si esto era verdad, si lo que me pasaba era real, o tal vez solo un sueño del que quería escapar. Pero siempre era lo mismo; la pura y fría realidad que enfrentaba todos los días nunca mejoraba, al contrario, empeoraba.
El sol comenzaba a aparecer, así que me fui lentamente y sin prisa hacia mi hogar. Pero la duda no dejaba de rondar en mi cabeza, "¿Por qué la luna me causa tales efectos…?"

Diario de Vampiros lV

21 de Octubre de 1932

En un momento en el que divagaba no muy lejos del lago una mano tocó mi hombro. Me di vuelta atemorizada y vi a un joven de una edad relativamente parecida a la mía. Me llevó al primer rincón que encontró, pues parecía que quería hablar conmigo.

- Ya me parecía haber visto esos ojos –Dijo con una leve sonrisa-

Yo estaba helada. Mis alas ya no estaban, pero mis colmillos seguían. En medio del silencio habló de nuevo.

- No se si me reconocerás, porque estabas de espalda –Dijo poniéndose serio- Yo soy aquel vampiro que te mordió hace unas noches.

Estaba paralizada. No sabía si correr, morderlo o hablarle. Entonces interrumpió mis desordenados pensamientos.

- Perdóname si te arruiné la noche, o la vida… -Dijo bajando un poco la cabeza- En cualquiera de los dos casos, fue algo que tuve que hacer. Además, agradécelo de alguna manera, eres una hermosa vampiro.

Luego de esas superficiales palabras, decidí que era hora de aportar algo de palabras al asunto.

- ¿Tú crees que te perdonaré el mal que has causado en mi vida, en mi mundo? Solo con decir palabras sin sentido o elogiarme crees que te perdonaré, ¿no es así?

Un silencio nos invadió, y antes de que pudiera decir otra palabra, habló.

- Me llamo Alexander –Dijo con ojos fríos-

- Me llamo Ángel.

- Pues no me extraña –Siguió el- es lo que eres ahora, ¿no? Un ángel perdido en este mundo injusto y aterrador. Un ángel oscuro que toma las almas de los débiles e inocentes para beneficio propio.

- Un ángel, ángel el que es maligno y tiene solamente oscuridad para brindar. Alma de poeta, ojos de vampiro…”

Él se quedó totalmente paralizado y sin saber que contestarme…

Después de eso me miró profundamente y sólo dijo

- Alma de poeta, ojos de vampiro. Ese es tu caso. Tienes un alma pura y unos ojos pecadores.

- Por qué me mordiste. ¿Algo que tenías que hacer? ¿A mí?

- Me han dicho que… Necesitaban una vampiro joven… Para…

- Ahora mi pregunta es ¿para qué?

No supo que contestarme y repitió una y otra vez en voz casi muda: “Alma de poeta, ojos de vampiro”.

Luego de un silencio algo incómodo salió huyendo…

¿Y si quería aclarar mis dudas? ¿Y si necesitaba un compañero vampiro en quien descargar mi ira? Ahora que Alexander apareció en esta vida, todo se ha dado vuelta de alguna manera. Todo se encontraba el doble de confuso de lo que antes era, y todo por una simple persona. Bueno, no tan simple…

Diario de Vampiros lll

20 de Octubre de 1932

¿Cuál es ese secreto que oculta la luna? ¿Qué hace irresistible para los vampiros el salir de noche? Cada vez que la luna mostraba su primer as de luz, sentía deseos de sangre, deseos de salir...
La noche que hubo lluvia me había sentido tan libre, pero mi alma estaba encerrada. Encerrada en un cuerpo que parecía ser movido por un "alguien", así como las marionetas...
Estaba en mi casa, sentada en un rincón, espantada por la noche anterior, cuando observé las ventanas. Efectivamente vi la luna, y sentí que ya no había nada ni nadie a mí alrededor, que solamente debía salir...
Al llegar al parque, mis colmillos ya habían salido. Me detuve un momento a ver el río, y pude observar otra vez mi reflejo. Esta vez, era yo. No puedo explicar cómo lo supe, pero era yo...
Eso, igualmente, no duraría mucho, ya que, como las otras noches, mi alma se fue. Mi cuerpo comenzó a correr a la deriva, como si esperara que la vida lo dirigiese...
Recuerdo a una mujer y su hijo, y realmente no quiero recordar nada más, porque lo que hice esa noche no tiene perdón de nada ni de nadie. Uno de los peores pecados que cometí en mi vida, aunque estuviera en otro estado...
Cuando recobré la conciencia y vi lo que había hecho, la desesperación me estaba consumiendo. Lágrima por lágrima iba enloqueciendo...

A la mañana, ya en mi especie de hogar, traté de olvidar todo lo que había sucedido, porque realmente era traumante...
Pese a los relatos populares, que dicen que siendo vampiro se debe morder el cuello para beber sangre y tal vez alguna otra cosa, yo mato personas... No, YO no mato personas, lo hace mi cuerpo... Pero quien me creería, si es mi cuerpo, mi voz, mis ojos, mi todo... Salvo mi alma...
Es complicado, nunca pensé que algo así me pasaría... Cada vez me convencía más de encontrar a ese alguien que me había maldecido, pues no me iba a quedar con los brazos cruzados esperando alguna señal... Aunque esa señal apareció: había un mensaje en la pared que estaba escrito con lo que parecía ser sangre y en una antigua lengua que nunca en mi vida había visto, pero aún así descifré. El mensaje decía: "Si tratas de escapar, es imposible avanzar…”
No entendía el significado, y me aterraba el hecho de que eso estuviese pasando, pero ya casi nada me espantaba. Es más, ya no le veía el sentido a muchas cosas de las que pasaban...
Varias hipótesis sobre aquellas palabras y relaciones entre mi cambio se formularon en mi cabeza, y solo debía leerlo una vez más para comprobar alguna de estas, pero antes de que eso pasara, la escritura se desvaneció en el aire como si fuera polvo...
Parecía realmente una película de misterio y terror, pero no. Era la pura, fría y dura realidad, que no dejaba de poner obstáculos en mi vida.

La noche cayó y estaba demasiado espantada para enfrentar a mi otro yo. Las palabras de la pared no escapaban de mi cabeza… ¿Sería una señal o una advertencia? Nunca en mi vida había esperado que algo así me pasara, pero debo admitir que es algo emocionante. Pero en un sentido aterrador. Ver tanta sangre fue lo peor de mi vida. Nunca olvidaré las caras de las pobres e inocentes personas que… Que asesiné…

Fui a cubrir las ventanas, pero en ese momento la luz de la luna brillaba demasiado, y me atrapó. Salí y los colmillos brotaron. Las alas aparecieron. Fui directo al lago. Quería ver mi reflejo por algún motivo. Al ver el reflejo de mi cuello, la primera noche volvió a mi cabeza. ¿Quién fue aquel maldito ser que deseó tal mal para mí? Debo encontrar al culpable. Pero antes, tal vez beber algo de sangre en el camino. Nunca se sabe…

Diario de Vampiros ll

17 de Octubre de 1932

Ya no podía siquiera reconocer mi propio cuerpo. Siempre estaba lleno de sangre. Parecía una sanguinaria asesina, y no era menos. Eso me asustaba...
Esa noche, con la boca, colmillos, manos y ropa llenos de sangre corrí sin rumbo preguntándome cuando terminaría todo esto. Cuándo mi sed iba a ser saciada. Tantas preguntas y ni una respuesta.
Lo que aún era un misterio era qué fue lo que pasó. Porqué una persona que no era yo manejaba mi cuerpo. Qué tenía la luna que ver con estos maléficos hechos. Era inexplicable. Cada vez estaba más y más confundida...

El sol comenzó a aparecer. No se porque comencé a caminar, tal vez era algún tipo de señal para que me fuera. Me sentía totalmente diferente. Ya no me sentía rara. Me sentía como... Me sentía como esa persona que era el día anterior. Me sentía "yo" otra vez. Pero no me iba a conformar con eso. Estaba dispuesta a averiguar qué era lo que me había pasado, porque no era para nada normal. Estaba segura que no era un trastorno emocional ni bipolaridad extrema, era realmente otra persona...
Volví a mi casa. Sigo viviendo aún en esa pocilga que heredé de mis odiados padres. No me quejo, al menos es lo mejor que, hasta ahora, pude conseguir. El punto es que estuve buscando respuestas, aunque ese lúgubre y grotesco lugar no me ayudaba. Así que decidí irme a una biblioteca...
No importa en qué libros buscase, de mitos, leyendas, relatos supuestamente realistas o tan solo alguna novelilla de aquellas, todo indicaba que yo era... Un vampiro...
No podía creer lo que estaba pasando. Según todas las paradojas, sin una mordida no había posibilidades de que me hubiera convertido en un monstruo. ¿Habría sido aquel escalofrío una helada mordida de vampiro? Como sea, debía seguir buscando, ya que aún faltaba saber si la luna tenía algo que ver. Pero no podía concentrarme. ¿Esto realmente era verdad...?

Después de buscar por horas, encontré algo "medio decente", porque después de todo, era un libro de mitos y leyendas... Aparentemente los vampiros son atraídos por la luz de la luna, por eso salen de noche, y aborrecen el sol, aunque no decía porque... "Seres sanguinarios y violentos sin noción de ellos mismos" era lo que decía, y sentí que ya no había salida al leer esas palabras: era exactamente lo que me había pasado...
No me puedo imaginar haciéndole daño a alguien pero eso salía de mis manos. Las noches en las que la luna brilla, el vampiro sale. Y, para colmo, las malas noticias continuaban... Todos los días de luna llena cada persona estaba en peligro de sufrir lo mismo que yo sufrí. Si muerdo a las personas, sin llegar a matarlas, se convierten en vampiros...
¡Ahí está mi respuesta! Aunque hay un traspié allí: Sin llegar a matarlas... Por lo menos tengo asegurado que no muchas personas se harán chupa sangre, ya que no tengo control y quien sabe cuando terminaré con un pulmón y un corazón en las manos...
Luego de leer todo lo que no quería saber, noté que estaba oscureciendo, así que entregué todos los libros y me dirigí hacia la puerta, pero la bibliotecaria me insistió en que debía registrarme para llevarme los libros a mi casa. Yo le decía que no, que debía irme, pero no escuchó razones. La noche fue cayendo lentamente, y tenía temor de lo que pudiese llegar a pasar. Pero creo que fue tarde para los pensamientos, porque ya no había rastro de mi alma. Mi cuerpo volvió a ser controlado y, cuando me di cuenta, tenía mis manos cubiertas de sangre. El cuerpo sin vida de la bibliotecaria yacía entre libros que desordené, o mas bien mi cuerpo desordenó. Pero luego, sin avisar, mi alma llegó, y fui conciente de lo que había sucedido...
No podía soportar a mi conciencia ya más, pero no quería salir por miedo. Miedo a la vida, o más bien a la muerte...
Huí lo más lejos que pude, pero mi cuerpo se detuvo en el parque. Era conciente, pero mi cuerpo no me era obediente. Ya no era otra persona, no obstante mi cuerpo era el poseído ahora...
Todo el cielo estaba cubierto por nubes y había mucho viento. En ese momento sentí que algo me rozaba la espalda y unos segundos más tarde, ya era un monstruo otra vez. El viento soplaba más y más fuerte, hasta que una tormenta invadió el silencio. Una sensación extraña decía que debía quedarme bajo la lluvia... Que la lluvia limpiaría mis pecados, pero a la vez tenía sed... Sed de sangre...
No hay ninguna imagen que no sea borrosa de esa noche, auque lo que tengo presente es la enorme cantidad de sangre derramada, y sigue espantándome... Ahora deberé estudiar algo más la situación.

Diario de Vampiros l

16 de Octubre de 1932

Estaba oscuro, pero salí igual. Sabía que no debía hacerlo, pero nada parecía impedírmelo. Me di cuenta que unos pasos me seguían aunque, sinceramente, no me importó. De pronto, sentí un escalofrío en el cuello y, cuando me di cuenta, estaba en el suelo desmayada.
Cuando desperté, todavía era de noche. Todo era borroso, no recordaba nada. Lentamente me fui levantando, aunque con cierta dificultad. El escalofrío continuaba. Decidí volver a casa pero la luna me indicó que debía hacer otra cosa. Sí, la luna, pero no estoy muy segura de poder explicarlo…
En ese momento, sentí el deseo de buscar una víctima. Alguien a quien lo que era ahora pudiera cazar. La luna me hacía sentir eso, y era imposible de evitar. Divisé a lo lejos una sombra en movimiento, y decidí seguirla, aunque creo que yo quería hacerlo… O tal vez de mi otra persona...
Me acerqué más y más hasta que la sombra pasó detrás de mí y la acorralé. La luna brillaba más y más y yo... Yo mordí el cuello de la víctima.
La sangre en mi boca me hacía desear cazar algo más, una persona más a la que pudiera destrozar con mi entera boca.
Este deseo incontrolable de insatisfacción no me dejaba tranquila...

Comencé a correr y a correr y no me detuve por nada. Traté de quitar de mi mente eso que había hecho. Me preguntaba una y otra vez porqué lo hice. Pero no había una respuesta.
De pronto me detuve a ver el reflejo de la luna en el río y un deseo incontrolable e intenso taladró mi ser. Era otra vez ese deseo de capturar a una víctima...
Traté de resistirme pero... Pero algo me pasó. Una extraña sensación me consumió. No... No era yo...
Traté desesperadamente de huir de aquello que no tenía noción, pero eso es imposible. Desgraciadamente, una sombra se aproximaba a mí, pero mi cuerpo se adelantó, y mi alma desapareció. No me pude resistir y prácticamente la descuarticé. Corrí otra vez hasta toparme con el río, pero esta vez la luna estaba semi tapada, por lo que volví a ser yo... Aunque no demasiado. Cuando me asomé al agua, vi un reflejo. Era el reflejo de una persona pálida, con marcas en el cuello y unos colmillos enormes y en punta llenos de sangre. No tardé en darme cuenta que ese pálido reflejo, era mi cuerpo...