jueves, 8 de diciembre de 2011

Diario de Vampiros l

16 de Octubre de 1932

Estaba oscuro, pero salí igual. Sabía que no debía hacerlo, pero nada parecía impedírmelo. Me di cuenta que unos pasos me seguían aunque, sinceramente, no me importó. De pronto, sentí un escalofrío en el cuello y, cuando me di cuenta, estaba en el suelo desmayada.
Cuando desperté, todavía era de noche. Todo era borroso, no recordaba nada. Lentamente me fui levantando, aunque con cierta dificultad. El escalofrío continuaba. Decidí volver a casa pero la luna me indicó que debía hacer otra cosa. Sí, la luna, pero no estoy muy segura de poder explicarlo…
En ese momento, sentí el deseo de buscar una víctima. Alguien a quien lo que era ahora pudiera cazar. La luna me hacía sentir eso, y era imposible de evitar. Divisé a lo lejos una sombra en movimiento, y decidí seguirla, aunque creo que yo quería hacerlo… O tal vez de mi otra persona...
Me acerqué más y más hasta que la sombra pasó detrás de mí y la acorralé. La luna brillaba más y más y yo... Yo mordí el cuello de la víctima.
La sangre en mi boca me hacía desear cazar algo más, una persona más a la que pudiera destrozar con mi entera boca.
Este deseo incontrolable de insatisfacción no me dejaba tranquila...

Comencé a correr y a correr y no me detuve por nada. Traté de quitar de mi mente eso que había hecho. Me preguntaba una y otra vez porqué lo hice. Pero no había una respuesta.
De pronto me detuve a ver el reflejo de la luna en el río y un deseo incontrolable e intenso taladró mi ser. Era otra vez ese deseo de capturar a una víctima...
Traté de resistirme pero... Pero algo me pasó. Una extraña sensación me consumió. No... No era yo...
Traté desesperadamente de huir de aquello que no tenía noción, pero eso es imposible. Desgraciadamente, una sombra se aproximaba a mí, pero mi cuerpo se adelantó, y mi alma desapareció. No me pude resistir y prácticamente la descuarticé. Corrí otra vez hasta toparme con el río, pero esta vez la luna estaba semi tapada, por lo que volví a ser yo... Aunque no demasiado. Cuando me asomé al agua, vi un reflejo. Era el reflejo de una persona pálida, con marcas en el cuello y unos colmillos enormes y en punta llenos de sangre. No tardé en darme cuenta que ese pálido reflejo, era mi cuerpo...

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