jueves, 8 de diciembre de 2011

Diario de Vampiros Vl

23 de Octubre de 1932

Al llegar a mi casa recordé que esta noche iba a presentarse la luna llena. Tapé absolutamente todas las ventanas que pudiera reflejar la luna. Las puertas estaban bien cerradas, pero de todas maneras esperé desconfiada la llegada de la noche...
Luego de varias horas de preocupación y miedo, sentí que una brisa rozaba mi cuello. En ese mismo instante oí unas palabras en un idioma perfectamente desconocido pero que por alguna extraña razón pude descifrar. No puedo explicar lo que me sucedió luego de escucharlas. Algún poder me secuestró y me hizo esclava de la noche, despojando otra vez el alma de mi cuerpo y dejándome a plena luz de la noche, a merced de todas las consecuencias de esa endemoniada luna.
Cuando llegué al parque, o mejor dicho mi cuerpo lo hizo, mordí a la primera presa que vi, pero esa presa era particular. Cuando la mordí no hizo nada. Entonces, al observar su cara, pude notar que era Alexander.

- ¿Fue refrescante Ángel? –Dijo pasando uno de sus dedos por las marcas de mis colmillos-

Al tocarme, hizo que mi alma volviera. Él me “repara”, por así decirlo…

- La luna. ¿Qué es lo que me hace la luna?

- Hoy si puedo contarte, ya que hay luna llena. Lo podrás entender mejor –Dijo dirigiéndome a un banco de por allí cerca-

- Eso espero, es una duda que tengo hace tiempo.

- Yo te entiendo... Hay ciertos vampiros que se sienten sumamente afectados por la luz de la luna, tú eres una de ellos Ángel.

- Eso lo sé, por eso necesito que me digas lo que me pasa.

- Las noches de luna llena las personas son mordidas y convertidas en vampiros, por eso es tan peligrosa esa noche –Dijo para divagar un poco en el tema-

- Lo sé, investigué algo, pero no mucho. Sólo pude saber que los vampiros transforman personas las noches de luna llena y que sus colmillos y alas aparecen de noche, pero eso no aclara mis dudas. ¿Puedes responder a mi pregunta por favor? No solo digas palabras vacías.

- La luna tiene poderes sombríos que nadie conoce en realidad...

- No estás contestando a mi pregunta...

- Te contaré algunas cosas, pero debes ser fuerte para aceptarlas...

Hubo un silencio muy largo. En ese tiempo pensé que al fin sabría la verdad, o por lo menos parte de ella. Estaba aterrada pero a la vez estaba entusiasmada. No sabía que pensar. No sabía qué era lo que me pasaba, y al fin lo iba a descubrir...
Pero en ese momento, en ese momento de tanta intensidad, de tanta emoción y tanta intriga algo extraño, aunque no tanto como la situación en sí, pasó.

- Lo siento, no puedo. Prefiero seguir cargando con tu verdad. Aún no estás lista Ángel... –Dijo clavando sus fríos y grises ojos en el suelo-

Alexander salió huyendo del lugar. Me sentí decepcionada y a la vez algo confundida. ¿Sería tan aterrador lo que me pasaba? ¿Tan cargoso? ¿Por qué él quería cargar con mi verdad en vez de decírmela? Cada vez me aterraba más. El que Alexander no me dijera la verdad me hacía crear falsas expectativas. Cada vez que estaba cerca de descubrir la verdad algo pasaba. No podía soportar tanta presión y tantas dudas. Debía descargar la ira que crecía por dentro...

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