jueves, 8 de diciembre de 2011

Diario de Vampiros ll

17 de Octubre de 1932

Ya no podía siquiera reconocer mi propio cuerpo. Siempre estaba lleno de sangre. Parecía una sanguinaria asesina, y no era menos. Eso me asustaba...
Esa noche, con la boca, colmillos, manos y ropa llenos de sangre corrí sin rumbo preguntándome cuando terminaría todo esto. Cuándo mi sed iba a ser saciada. Tantas preguntas y ni una respuesta.
Lo que aún era un misterio era qué fue lo que pasó. Porqué una persona que no era yo manejaba mi cuerpo. Qué tenía la luna que ver con estos maléficos hechos. Era inexplicable. Cada vez estaba más y más confundida...

El sol comenzó a aparecer. No se porque comencé a caminar, tal vez era algún tipo de señal para que me fuera. Me sentía totalmente diferente. Ya no me sentía rara. Me sentía como... Me sentía como esa persona que era el día anterior. Me sentía "yo" otra vez. Pero no me iba a conformar con eso. Estaba dispuesta a averiguar qué era lo que me había pasado, porque no era para nada normal. Estaba segura que no era un trastorno emocional ni bipolaridad extrema, era realmente otra persona...
Volví a mi casa. Sigo viviendo aún en esa pocilga que heredé de mis odiados padres. No me quejo, al menos es lo mejor que, hasta ahora, pude conseguir. El punto es que estuve buscando respuestas, aunque ese lúgubre y grotesco lugar no me ayudaba. Así que decidí irme a una biblioteca...
No importa en qué libros buscase, de mitos, leyendas, relatos supuestamente realistas o tan solo alguna novelilla de aquellas, todo indicaba que yo era... Un vampiro...
No podía creer lo que estaba pasando. Según todas las paradojas, sin una mordida no había posibilidades de que me hubiera convertido en un monstruo. ¿Habría sido aquel escalofrío una helada mordida de vampiro? Como sea, debía seguir buscando, ya que aún faltaba saber si la luna tenía algo que ver. Pero no podía concentrarme. ¿Esto realmente era verdad...?

Después de buscar por horas, encontré algo "medio decente", porque después de todo, era un libro de mitos y leyendas... Aparentemente los vampiros son atraídos por la luz de la luna, por eso salen de noche, y aborrecen el sol, aunque no decía porque... "Seres sanguinarios y violentos sin noción de ellos mismos" era lo que decía, y sentí que ya no había salida al leer esas palabras: era exactamente lo que me había pasado...
No me puedo imaginar haciéndole daño a alguien pero eso salía de mis manos. Las noches en las que la luna brilla, el vampiro sale. Y, para colmo, las malas noticias continuaban... Todos los días de luna llena cada persona estaba en peligro de sufrir lo mismo que yo sufrí. Si muerdo a las personas, sin llegar a matarlas, se convierten en vampiros...
¡Ahí está mi respuesta! Aunque hay un traspié allí: Sin llegar a matarlas... Por lo menos tengo asegurado que no muchas personas se harán chupa sangre, ya que no tengo control y quien sabe cuando terminaré con un pulmón y un corazón en las manos...
Luego de leer todo lo que no quería saber, noté que estaba oscureciendo, así que entregué todos los libros y me dirigí hacia la puerta, pero la bibliotecaria me insistió en que debía registrarme para llevarme los libros a mi casa. Yo le decía que no, que debía irme, pero no escuchó razones. La noche fue cayendo lentamente, y tenía temor de lo que pudiese llegar a pasar. Pero creo que fue tarde para los pensamientos, porque ya no había rastro de mi alma. Mi cuerpo volvió a ser controlado y, cuando me di cuenta, tenía mis manos cubiertas de sangre. El cuerpo sin vida de la bibliotecaria yacía entre libros que desordené, o mas bien mi cuerpo desordenó. Pero luego, sin avisar, mi alma llegó, y fui conciente de lo que había sucedido...
No podía soportar a mi conciencia ya más, pero no quería salir por miedo. Miedo a la vida, o más bien a la muerte...
Huí lo más lejos que pude, pero mi cuerpo se detuvo en el parque. Era conciente, pero mi cuerpo no me era obediente. Ya no era otra persona, no obstante mi cuerpo era el poseído ahora...
Todo el cielo estaba cubierto por nubes y había mucho viento. En ese momento sentí que algo me rozaba la espalda y unos segundos más tarde, ya era un monstruo otra vez. El viento soplaba más y más fuerte, hasta que una tormenta invadió el silencio. Una sensación extraña decía que debía quedarme bajo la lluvia... Que la lluvia limpiaría mis pecados, pero a la vez tenía sed... Sed de sangre...
No hay ninguna imagen que no sea borrosa de esa noche, auque lo que tengo presente es la enorme cantidad de sangre derramada, y sigue espantándome... Ahora deberé estudiar algo más la situación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario